Chascarrillos

Se entienden por chascarrillos aquellas historias cómicas, a modo de chiste, que se contaban antaño. Hemos encontrado un libro, de Adelino Gómez Latorre, de título GENTES DE MI TIERRA, del que hemos hecho una pequeña selección.

PREGON

  “De orden de Luquicas Taco,
que es el siñor presidente
de la Comisión de fiestas
de Villasol del Pusiente,
hago saber a tol pueblo,
mozas, mozos y mocetes,
que en ocasión de las fiestas
que pa San Roque celebre,
como siempre, este lugar
de los días quince al veinte,
se oserven punto por punto
las ordenanzas siguientes:
Se prohibe en arsoluto
que escomencipie la gente
a hacer como que va a Misa
o a la procesión de siempre,
y se queda en las esquinas
mermurando del de enfrente,
porque al que vea con capa
u con mantilla la pesque
haciendo el camandulero,
le endilgaré un güen paquete.
Tamién queda prohibido
a mozos y mozalbetes,
tirar piedras a los perros,
a los gatos y a otros seres
del pueblo y de la redor,
que nenguna culpa tienen.
Ni mixtos ni cazoleta,
ni bombicas de juguete.
Tamién serán castigaus
con multa y unos cachetes,
los mocosos de los críos
que corren entre la gente,
pa tirale por las garras
las moscas de burro y güetes,
que arman más estrapalucio
que el demonio de Rufete
cuando escomencipia a tocar
la chuflaina esa que tiene.
Autorizo a los vecinos
de Villasol del Pusiente,
a que si ven algún crío
y tamién si es mozalbete,
echándole agua a las mozas
con la jeta de la fuente,
le den un güen soplamocos
que le paigan vaintisiete.
Queda tamién prohibido
– y esto lo digo dies veces
si es preciso-, que no quiero
que en Villasol del Pusiente
haiga unos mozos tan brutos,
tan tozudos y cafreses,
que a los pobres forasteros
les metan gato por liebre,
como pasó el año de antes,
que entre Luterio y Peleles
– que son un par de mostillos
mejorando lo presente-.
cogieran a un pobre chico
más inocentón que un fuelle,
y dimpués de emborrachalo
lo amarraron a un pisebre
y le pusieron cebada
y en las garras cascabeles,
y dimpués pa que corriera
por en medio de la gente,
se les ocurrió espantalo
con perrodetas y güetes.
Y cuando se lleve a cabo
la gran carrera pedestre
que este año será sonada
porque corren trenta y siete;
metidos en sacos, doce;
de espaldas en burros, trece,
y los doce que aún colean,
a pata, que es más prudente;
quiero que sepa tol mundo
y por eso se advierte,
que prohibo en arsoluto
que en nada se moleste,
ni pusiendo zancadillas
a los que al saco se avienen,
ni pegando a los pollinos
pa que batan al jinete,
que, sin albarda, y de espaladas,
cain como tacos, de suerte
que se esganguillan el cuerpo
mientras se ríe la gente.
Ya sé que eso es muy gracioso
y que a todos nus divierte,
pero me ha dicho la mestra
que no está bien ni es decente.
Por este año aguantaremos
pa que se vea que hay caletre,
y si no nus divertimos
lo pondremos al que viene.
Y por último, ¡vecinos
de Villasol del Pusiente!,
queda tamién prohibido
a mocicas y mocetes
ir diciéndose tontadas
cogidicos del bracete,
ni juguetiar por la calle
ni en las afueras, ¡releñe!,
porque eso es tocar a vispras
y aluego …. la fiesta viene.
Y a los críos sobre todo,
bien claro se les advierte;
que al que le coja en la mano
un petardo o algún güete,
le daré cuatro guantazos
lo menos cuarenta veces,
y además, le hago tragase
los petardos y los güetes.
A ver si nus entendemos
sin molestar a la gente,
que son ya cinco chuflainas
las que le han roto a Rufete,
y el tambor del tío Nemesio
lleva un parche en metá el vientre
que no tengo más remedio
-si vivo al año que viene-
que, en osequio de San Roque,
comprale otro más decente.
Y todo fué porque al bruto
de Calricos, “el Peleles”,
se le ocurrió ver las tripas
del tambor, y el muy cafrese
me le arreó una mojada
de refilón, que por suerte,
si no encoge la barriga
el tio Nemesio, ¡releñe!,
lo deja allí patitieso
como una y sais son siete.
Conque ya estais enteraus
de que quiero que se oserven
sin faltar punto y coma
mis ordenanzas y leyes.
Por la Comisión de fiestas,
Lucas Taco, presidente,
que es natural y vecino
de Villasol del Pusiente.”

EN LA BARBERIA


  Tenía una barbería
en Villasol del Pusiente,
Ufrasio el del tío Retaco,
por mal nombre «Esquilaliebres»,
con un cartel de reclamo
donde podía leerse:
«Se afaita y se cuerta el pelo
y se hace la permaniente
tan bien, que paice mentira.
Quien quiera prebar que prebe.»
Y alternando sus servicios
de esquilador competente
con el jabón y la brocha,
que también era su fuerte,
sin pararse mucho en teclas
ni en favores preferentes,
intercalaba algún burro
de pelaje reluciente
al que en dos tijeretazos
con gran variedad de sietes,
dejaba al pobre animal
más pelado que un sorbete.
Cierto día en que se hallaba
acicalando a «Reverte»,
que era el nombre que tenía
el burro del tió «Fardeles»,
llegó a raparse la barba
Juanico, el de la «Morretes»,
después de pensarlo mucho
y oírse improperios fuertes
por parte de su mujer
que se cansaba de verle
con aquella hirsuta barba
que llevaba casi siempre.
-Tendrás que esperar un poco
-le dijo el Ufrasio al verle-
a que acabe de esquilar
y haciele la permaniente
a este viejo ceudadano,
que dende antes de las siete
ya estaba aquí rebuznando
pa coger vez.
-¡Que se espere!
-dijo sin pensarlo mucho
Juanico, el de la «Morretes» -.
Yo tengo más prisa qu’el
y a más, cualquiera se güelve
a casa sin resurar,
dimpués de poneme verde
la Rufina. ¿Es que no puedes
dejar una miaja al burro
que no chartirá, y cogeme
pa aviame a mí en un credo?
-Es que si viene el «Fardeles»
nus armará una trefulca
con el geniazo que tiene
si lo ve sin esquilar…
-¡Padre! – arguyó un nuevo oyente
que estaba viendo el trabajo
que le hacían a «Reverte» –
¿Quié usté que lo afaite yo
si es que tanta prisa tiene?
-¿Tú, mocoso? Si no sabes…
-¡Y qué! Me deje que prebe
pa ir aprendiendo una miaja.
-¡Pero, oye! ¿Va a afaitame éste
con nevaja, sin saber?
-dijo asustado el cliente
viendo en peligro su físico -.
-Deja al chico que se entrene.
¡Hala! Coge la nevaja
que por prebar nada pierdes,
pero ten mucho cuidau
al afaitar, no te cuertes…
 

  ENTRE DOS FUEGOS

  En Villasol aquel día
nevó tanto, que los viejos
del lugar no vieron nunca
tan gran acontecimiento.
El caso es que como estaba
sobre un montículo el pueblo,
el valle que lo cercaba
de un extremo al otro extremo,
fue acumulando la nieve
hasta alcanzar más de un metro
de espesor en todo el llano,
sin dejar resquicio abierto
que permitiera a las gentes
trasladarse al otro pueblo
de Villaluna de Arriba
distante siete Kilómetros.
-¡Himos de tomar medidas
urgentes!, dijo al momento
el tió Cleto, que era alcalde
elegido por el dedo
de Villasol del Pusiente.
-No hace falta que tomemos
nenguna mida pa ver
la nieve que hay en el suelo.
Yo te puedo icir agora
-le interrumpió un concejal
elegido por sorteo –
que pa que haiga metro y medio
tan sólo le falta un palmo,
un jemecico y tres dedos,
pues la hi medido hace un rato
en el corral, con un metro
que le pidí esta mañana
a Lesmes el Carretero.
-Yo t’hablo de otras medidas,
azanorio. Por ejemplo,
mandale un parte al menistro
de la Guerra u de otro puesto
pa que nus mande pol aire 
u pur mar, algo de pienso
pal ganau y pa nusotros.
-¡Mu bien pensau está eso!
-terció el edil -, ¿Pero quien
va a llevar el parte, Cleto?
¿No ves que están los caminos
enrunaus de nieve?…
-¿Y eso t’asusta a tú, cacho e manta?
Atate bien el calcero;
prepárate bien las alforjas
y pol camino más reto
t’acercas a Villaluna,
ande hay teligrafos d’esos
de mandar por los alambres
partes a los del gobierno.
-¿Y que tengo que icir yo
al siñor teligrafero?
-Que ponga un parte que diga,
poco más ú menos:
«Nieve por tóo la redor.
¡Estamos entre dos fuegos!»… 
 

  EL ALCOHOL

  En la puerta de su casa
hallábase el tió Marcelo
aquella tarde, sentado,
tomando el escaso fresco
que se dejaba sentir,
cuando acertó a pasar Cleto
que era, además, de alguacil,
enterrador, pregonero,
matarife, sacristán
y el más zascandil del pueblo.
-¡Qué hay, tió Marcelo! Que se hace
¿tomar una miaja el fresco que corre?
-Y que tú lo digas.
Aquí me estoy distrajendo
leyéndome el periodico.
-Y qu’es lo que íce, ¿algo güeno?
-Lo de siempre. ¿Quiés un trago?
Coge el porrón que está dentro
d’ese pozalico de agua
pa que se conserve fresco,
y arréate un chaparrazo
a ver si te paice güeno.
-Vamos, pues, a sacudile
pa ver que tal sienta al cuerpo.
-¿Sentale? Pues mucho bien.
Ya verás tú que contento
se te pone el estómago
de la tripa. Yo me bebo
un porroncico, y dimpués
me tiro un par de rigüeldos
y no miento si te digo
que paice un reló mi cuerpo
de lo rebien que anda.
-¡Oiga!
¿Y ese vinico tan güeno
de ande es pues?…
-De Burbáguena,
que me lo trajo el Lorenzo
del que se trasiegan cutio
en merendolas y almuerzos,
don Pepe y los dedemás
por las tardes en el güerto
pa adobar algún pollico
y tamien algún conejo.
-Se ve, pues que a los muy tunos
no los bate el aire cierzo.
-¡Y tanto que no los bate!…
Pues mira. Estaba leyendo
yo aquí, por entre estas letras
del periodíco… ¡Recuenco!
Ande demonios lo hi visto
que agora ya no lo encuentro…
Icía…
-¿Qué icía pues?
-Pues icía… No me alcuerdo
qué cosa del alcohol
y sus envenenamientos.
-¡Ay releñe! Busque, busque
no sea que lleve d’eso
el vino que algunas veces
nus echamos al coleto.
Que la salú crebantada
no es miaja e güena pal cuerpo.
-¡Miálo aquí!… ¡Miá lo que íce!
«El “alcol” es un veneno
que nus mata lentamente»…
-¿Y ese vinico tan güeno
que himos bebido, tié «alcol»?
-Y gúen recau d’él me pienso.
-¿Sabe, pues, lo que le digo?
Que si mata ese veneno
tan lentamente, ¡mejor!
¡Nenguna prisa tenemos!.
 

  EL LORO

  ¡Nicomedes!… ¡Nicomedes!…
-llamaba a grito pelado
la tiá Ufrasia a su marido
puesta en jarras, contemplando
con sorpresa el balanceo
de una jaula de canario
que con las puertas abiertas
pendía de un grueso clavo
sujeta por una cuerda
a media altura, en el patio-.
-Por una casualidá.
¿has visto al loro?
-Hace un rato
l’hi puesto agua.
-Y de seguro
que como eres tan pataco
has dejau la puerta abierta
y s´ha escapau.
-¡Recanastos!
¿Y ande ha ido si pué sabese?
-¡Que me sé yo! Hay que encontralo
de seguida, no sea cosa
que no apaizca el pajarraco
de las narices, y aluego
cuando güelva don Casiano
a recogelo y no esté,
se le corrompa el higádo
y del desgusto se muera
y nus quedemos güerfános
de amo y de tierras, por culpa
de este cochino pajáro.
-¡Tiés razón!… ¡Pobre siñor!
¡Miá que antes de ise a los baños
me encargó, que misió cuanto
que le cuidara al lorito
como a un hijo!… Al fin y al cabo
eso era pa ellos. Y aún más
cuasi pa dueña Rosario
que le enseñó a prenunciar
lo que nusotros palramos.
Y se lo trujo de Cuba
cuando estuvo allí su maño.
-Pero ¿ande se habrá metido
ese maldito pajáro?
-¿Has mirau bien en la cuadra?…
-Hi mirau todo. En el cuarto,
en el corral, la bodega,
en la cocina… ¡Y ni rastro!
-¿L´has preguntau al zagal
que entra agora, por si acaso?
-¡Oye Menegildo! ¿Has visto
al loro de don Casiano
que se ha escapau de la jaula
y no hay modo de encontralo?… 
-¡No siñor! ¡Que no le hi visto!
Pero hi oído hace un rato
encima de la bardera
hablar a solas al gato…
 

  PREGUNTAS PARA APRENDER

  -¡Padre! Aquellos casilicios
tan grandismos de alí enfrente,
¿ya es Teruel por un casual?
-Sí, hijo mío. Pero ¿quieres
no asomate pol ventano
del auto? ¿No ves que puedes
enreligate el tozuelo
en un arbol y rompete
la caeza?… Ten pacencia,
que ya llegamos, ¡releñe!
No sé como corre tanto
este auto con tanta gente
como vamos amontonada.
Por eso no es comeniente
meniase del aposiento
e ir bien tieso, que dos veces
m´hi visto y en la cuneta
al regolver aquel puente
que himos pasau hace poco.
Aprepárate, Josele,
que ya estamos en Teruel,
y en cuantico que nus deje
el auto, nus himos dír
a corretialo, y si quieres
a velo y remiralo,
pa que aprendas, bien de veces.
-¡Padre! Pero que remajo
es este pueblo… ¿Me quiere
icir qu’es aquello c’hay
con torrecicas al frente
y escalericas que bajan,
con muchas bardosas verdes,
hasta abajo ande hay cajones
grandismos que van y vienen
con maquínas que echan humo
por la chaminera?
-Trenes debe ser si no me engaño.
Pero ¡leñe! No te sueltes
de la mano, repaineta,
que cuando menos lo esperes
te pué pillar algún auto
y espanzurrate…
-¿Me quiere icir si aquello
es un barco de navegar?
-¿Cualo?
-Ese camajuste que hay con hierros
encrucijaus mesmamente
con barandaus, como el barco
de un calendario que tiene
en el cuarto de la estufa
colgau mi primo Peleles.
-Pues no se cómo le ícen.
-¿Y aquello que se ve enfrente
que es un tubo larguirucho
con chaminera, ¿me puede
icir lo qu’es?…
-No lo sé…
-Y esa calle, ¿pué sabese 
como le icen?
-Pues le icen…
¡Tampoco lo sé, Josele!
¿Mire padre, mire! ¿Un toro
que está puesto de jubete
en la punta del pilón
que sale de aquella juente!
Y eso, padre ¿qué quié icir?
-Pues quié icir… ¡Cualo! ¿El torete?
Pues senifica… ¿Tiés hambre?
Vamos, pues, a hincale el diente
a lo que ha puesto tu madre
en el saquillo. Si quieres,
en este callejoncico
hay un bar, ande se puede aposentase.
¡Oiga, padre!
¿Le sabe a usté mal que a veces
le pregunte por las cosas
que no sé?…
-¡Que va a sabeme!
¿Tú pergunta, hijo, pergunta,
que perguntando se aprende!…
 

 


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